February 11, 2010

Onirica.08

Canvas extraídos de la serie Onírica

ONIRICA

Todos necesitamos que alguien nos mire, y de ser así, ¿Seria posible dividirnos en categorías, según el tipo de mirada bajo el cual queremos vivir? Creo que de ser posible podríamos dividirnos en cuatro categorías:


La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos, o dicho de otro modo, la mirada del público. Ese sería el caso de actores, cantantes, redactores, y de toda aquella persona que necesita de su público para poder vivir. La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos podrían ser los incasables organizadores de fiestas, cenas y todo tipo de eventos para reunir a sus conocidos. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, podrían tener la sensación de que en el salón de su vida de ha apagado la luz. A casi todos nos sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría, siempre consiguen alguna de esas miradas. La tercera categoría serian los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría, ya que alguna vez se cerraran los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. Y la cuarta categoría para mí la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

Los sueños no son solo un mensaje (eventualmente un mensaje cifrado), sino también una actividad estética, un juego de la imaginación que representa un valor en sí mismo.El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, sucede o sucederá, es una de las más profundas necesidades del ser humano. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente…

Y estos personajes a los que me refiero en mi obra, no nacen del cuerpo de su madre como los seres humanos, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada como dentro de un fruto la semilla, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto nada aún o sobre la que nadie ha dicho nada esencial. ¿A caso no es cierto que el autor no puede hablar más que de sí mismo?

Mirar con impotencia a través del cristal como la lluvia cae, oír el sonido del corazón en el momento de la emoción amorosa, embarcarse en viajes sin saber muy bien porque ni a donde, sentarse junto al mar con la mirada perdida en el horizonte dejando volar la imaginación…

Son situaciones que he vivido, sin embargo de ninguna de ellas salió un personaje como el que soy yo. Los personajes procedentes de mi imaginación, son mis propias posibilidades que no se realizaron o que me quedan aún por realizar. Por eso los quiero a todos por igual y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por la cual yo no hice más que pasear o aun me queda por conocer. Es precisamente esa frontera tras la cual termina mi yo, la que me atrae. Es más allá de ella donde empieza el secreto por el que se podrían interrogar mis sueños. Ya que estos personajes no son una confesión del autor, sino una investigación de lo que es la vida humana dentro de la ensoñación del propio autor. Por eso solo podría ofrecer la superficie, lo que está debajo es un mundo demasiado extraño.

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